sábado, 30 de octubre de 2010

La contraofensiva estratégica: Octubre de 1958


Miércoles 08,1958
La carta que dirigí al comandante Almeida, donde le participaba los planes estratégicos con relación a la provincia oriental y a la ciudad de Santiago de Cuba, es muy extensa, por lo cual solo incluyo un fragmento esencial:

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Sierra Maestra

Oct. 8, 58
8 a.m.

Querido Almeida:

He luchado por adelantar lo más posible los preparativos para la operación Santiago a fin de hacerla coincidir con la farsa electoral, con el propósito de obligar a las fuerzas enemigas a una batalla de gran envergadura por esos días, que junto con otras medidas que vamos a tomar hicieran imposible su celebración. Pensaba igualmente trasladarme a ese territorio con el mayor número de efectivos posibles este mismo mes, pero analizándolo bien todo comprendí que era imposible por varias razones: a) El abastecimiento de armas y parque no ha adquirido todavía su máximo ritmo. b) La multitud de asuntos y tareas de todo orden que hay que encarar este mes quedarían sin resolver o resueltas a medias si me aparto de aquí y emprendo una marcha larga.

Persistente como sabes que soy en mis propósitos me ha costado grandemente renunciar a la idea de partir. Al mismo tiempo, para dar empleo rápido a todas las fuerzas con vistas a las elecciones he iniciado una serie de movimientos hacia distintos territorios de la Provincia, pero procurando que estos movimientos al mismo tiempo que llenen objetivos específicos con vistas al 3 de Noviembre, sirvan de base a la estrategia a desarrollar en las semanas venideras al transcurso de esa fecha. Es decir, que las tropas que ahora mando a los territorios de Victoria de las Tunas, Puerto Padre, Holguín y Gibara, están llamadas a cumplir importantes objetivos en los meses finales del año. El plan de tomar primero Santiago de Cuba lo estoy sustituyendo por el plan de tomar la Provincia. La toma de Santiago y otras ciudades resultará así mucho más fácil y sobre todo podrán ser sostenidas. Primero nos apoderaremos del campo. Dentro de 12 días, aproximadamente, todos los municipios estarán invadidos. Después, nos apoderaremos, y si es posible, destruiremos todas las vías de comunicación por tierra (carreteras y ferrocarriles). Si paralelamente, progresan las operaciones en las Villas y Camagüey, la tiranía puede sufrir en la Provincia un desastre completo como el que sufrió en la Sierra Maestra. Esta estrategia resulta para nosotros mucho más segura que cualquier otra, y entre tanto, lejos de concentrar el grueso de nuestras fuerzas en una dirección, lo que lleva tiempo, requiere gran acumulación de víveres e implica riesgos de consideración, las distribuimos de forma que puedan mantener al enemigo bajo hostigamiento constante en todas partes. Al frente tuyo que es el frente de Santiago de Cuba, quedan asignadas por ahora, las columnas 3, 9 y 10. Tienes que hacer de esas tropas una potente y disciplinada fuerza que vaya dominando progresivamente y sobre todo estudiando minuciosamente la zona para cuando llegue la hora de atrincherarse en los puntos estratégicos. Todas las ciudades importantes van a ser aisladas simultáneamente. Y eso hay que hacerlo en el momento en que seamos lo suficientemente fuertes para resistir y el enemigo lo bastante débil, desmoralizado y acosado para que no pueda librarse de los cercos. Siguiendo las tácticas empleadas en la Sierra Maestra nuestra ofensiva los obligará no solo a defenderse si no a tener que tomar trincheras si quieren salvarse. (Todo lo anterior es rigurosamente secreto, de tu exclusivo conocimiento).

Ahora bien: esta es la estrategia que vamos a seguir con la Provincia. Pero en el medio tenemos las elecciones que hay que impedir a toda costa. [... ]

Viernes 10
En cada oportunidad posible, yo insistía en apelar al sentido del honor de los militares de Academia que integraban el Ejército, así como en criticar la inercia de quienes, dentro de ese cuerpo militar, no comulgaban con el régimen establecido por la dictadura, pero, al mismo tiempo, no movían un dedo para cambiar tal estado de cosas.




Sierra Maestra, 10 de Octubre de 1958

Estimado F.:

Le escribo estas líneas para expresarle mi pena por la muerte de su padre y al mismo tiempo darle las gracias por su respuesta a mi mensaje.

Ud. debe exhortar a sus amigos a que se decidan. Es inexplicable que los militares cubanos no comprendan la magnitud y el alcance de los acontecimientos que están teniendo lugar. Que como hombres que han seguido la carrera de las armas sean tan indecisos y vacilantes. Que no tengan inventiva ni imaginación para idear formas de lucha revolucionaria para combatir la dictadura. Si el triunfo no está asegurado de antemano no dan un paso. Si no tienen fuerzas para asegurar el triunfo se cruzan de brazos. Si intentan extender los contactos más tarde o más temprano los pescan. Mientras tanto no hacen absolutamente nada por ayudar a la lucha como si pensaran que el mero privilegio de pertenecer a las Fuerzas Armadas, les va a permitir recoger, a última hora, los frutos maduros.

No destruyen un solo avión de los que bombardean y atacan poblados indefensos; no ejecutan uno solo de los tantos jefes asesinos que los tiranizan a ellos tanto como a los civiles; no hacen estallar un arsenal de bombas o de parque; no hacen en fin el menor esfuerzo en ningún sentido. Si solo una parte de los descontentos se decidieran a actuar de alguna forma para colaborar con la revolución, sería suficiente. Ya tenemos cinco frentes de combate en la Provincia de Oriente, un frente en Camagüey, uno en Las Villas y otro en Pinar del Río, donde cualquier militar puede trasladarse en caso de dificultad insuperable o de fracaso, en vez de irse para el extranjero y vivir en espera de que la tiranía caiga para reintegrarse en sus cargos, como si no se estuviera librando una guerra en la propia patria donde debieran estar prestando sus servicios a la revolución como técnicos y como hombres de carrera.

Hemos preparado cerca de la Sierra Maestra varios campos de aviación, así como en el frente Norte, donde puede aterrizar cualquier avión civil o militar con los que deseen incorporarse a la lucha.

Los militares pueden colaborar de mil formas a esta lucha, que no es contra las Fuerzas Armadas, sino contra la dictadura y el grupo de jefes asesinos que desde los mandos militares sostienen su régimen.

Las Fuerzas Armadas no tienen más culpa que la pasividad con que han aceptado los horrores y los actos de barbarie de los criminales que tienen dentro de sus filas, que por vestir el uniforme de los institutos armados les han ganado a éstos el descrédito y el odio del pueblo, en cierto sentido con razón, porque los militares de un modo o de otro están sosteniendo con sus armas un régimen que viola y asesina mujeres, masacra presos en las propias prisiones o los desaparece cuando son puestos en libertad por los tribunales, asesina a los prisioneros aún después que nosotros hemos puesto en libertad más de seiscientos militares en lo que va de lucha. Regiones enteras han sido diezmadas por Sánchez Mosquera, Meroc [Merob] Sosa, Grau, Morejón, Ugalde Carrillo, etc. En un solo pueblecito fueron asesinados más de doscientos cincuenta campesinos; en un sólo día, en el Oro de Guisa, 53 infelices fueron ultimados. A una madre le mataron de golpe los siete hijos y el esposo. Actos como los que nunca perpetraron los españoles en las peores épocas de represión. Y los huesos de estas víctimas indefensas algún día serán desenterrados por la Historia.

Por último toleran una milicia de gangsters, no aforados, verdaderos intrusos que ejercen funciones de Fuerza Pública, que al mando de Masferrer se dedican a sembrar el terror y a matar a las puertas de los cuarteles con la complicidad de los mandos y la impotencia de muchos oficiales que están en desacuerdo, pero que cuando les dan la orden de combatir para defender este estado odioso e insoportable de cosas, salen a combatir. ¡No se rebelan! Los vejan, los humillan, los obligan a pelear para defender el crimen, desconfían de ellos y terminan licenciándolos o deteniéndolos. ¡Pero, ninguno se rebela! Les ponen a los peores jefes, a los más odiados y desprestigiados, en los mandos del Ejército porque Batista no puede confiar más que en los incondicionales, en los más asesinos, en los más comprometidos. Los Tabernilla, los Pilar García, los Ventura, los Chaviano, los Ugalde Carrillo, son una vergüenza y un deshonor para todos los militares. ¡Pero ninguno se rebela! ¡Qué impotencia, qué cobardía! ¿Cómo podrán justificar eso en el futuro ante la Nación y ante la Historia? ¿Con qué derecho podrán reclamar luego la honrosa misión de mantener el orden, hacer respetar la Ley y garantizar la vida y demás derechos del ciudadano? ¿No comprenden que cada ciudadano asesinado, cada crimen que la posteridad conozca será una vergüenza infinita para todos los hombres que hoy visten el uniforme de las fuerzas armadas?



Mucho menos criminal y odiosa que esta tiranía fue la de Machado y los oficiales que, sordos y ciegos a la tragedia, se cruzaron de brazos, no tuvieron luego autoridad ni moral para hacerse respetar de los propios soldados, y fueron arrojados con desprecio de sus mandos. Y es lástima, porque hay mucha gente buena en los Institutos Armados, pero enfermos de abulia, de inercia, de ceguera, de sumisión, de impotencia.

¡Y eso Ud. lo sabe mejor que yo! ¿Por qué no les abre un poco los ojos?

Lo saluda su sincero amigo,

Dr. Fidel Castro Ruz

Le dedico, por aquellos días, especial atención a la Ley 2, contra la farsa electoral de 1958, que fue suscrita por el Dr. Humberto Sorí Marín y por mí el 10 de octubre de 1958. En sus artículos se estableció:

Artículo 3: Cualquier agente político que se dedique al corrompido sistema de recoger cédulas, será sometido a Consejo Sumarísimo de Guerra y fusilado en el acto.

Artículo 4: El candidato a cualquier cargo electivo que sea capturado en la zona de operaciones del Territorio Libre, será condenado a pena, que puede fluctuar de acuerdo con el mayor o menor grado de responsabilidad, entre 10 años y la pena de muerte.

Artículo 5: En las zonas urbanas, la pena de muerte podrá ser ejecutada contra los culpables, tanto por las tropas rebeldes como por las Milicias que operan en pueblos y ciudades.

Ese mismo día fue suscrita, por los mismos firmantes, la Ley 3, sobre el derecho de los campesinos a la tierra. En los tres últimos Por Cuanto de esa ley queda definido:

POR CUANTO: El asentamiento de la tierra de los pequeños agricultores que la trabajan es el primer paso de la Reforma Agraria y un derecho que pueda ya y debe garantizarse al campesinado cubano, por los que han asumido la responsabilidad histórica de liberar a la Patria de la tiranía política y de la injusticia social.

POR CUANTO: La Revolución es fuente de derecho.

POR TANTO: En uso de las facultades de que está investido este mando del Ejército Rebelde como Poder constituido del Pueblo levantado en armas contra la Tiranía, se dicta la siguiente [Ley 3].

La Ley 3, sobre el derecho de los campesinos a la tierra, contiene tres capítulos, 38 artículos, tres disposiciones finales y una disposición transitoria. Esta última expresa:

En la Sierra Maestra, en el Segundo Frente Oriental Frank País y en todos los frentes dominados firmemente por las fuerzas rebeldes, esta Ley será de aplicación inmediata, a cuyos efectos se dictará un Reglamento especial, a fin de que los posesionarios de tierras del Estado puedan recibir sus títulos e inscribir los mismos en los Registros de Propiedad Rústica que a este fin se habilitarán y los de tierras particulares radicados en territorio Libre, inscribir su posesión y solicitar los beneficios de esta Ley, que quedarán pendientes del trámite de indemnización previa por el Estado en la forma y oportunidad que señalan los preceptos de la misma.

Dada en la Sierra Maestra el día 10 de Octubre de 1958, a los noventa años del Grito de Yara y como homenaje a los patricios que en aquella ocasión gloriosa se despojaron de sus tierras, de sus esclavos y de todos sus bienes para conquistar a Cuba la Libertad que sus descendientes tenemos el Deber de afianzar en esta hora.

Dr. Fidel Castro Ruz, Comandante Jefe

Doctor Humberto Sorí Marín, auditor general

Humberto Sorí Marín, graduado como abogado, fue enviado a la Sierra Maestra por el Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Era Auditor General cuando suscribió estas leyes.

Traicionó más tarde a la Revolución Cubana en sus momentos más difíciles. Los días previos a la invasión mercenaria de Girón, fraguada por Estados Unidos, fue capturado en las proximidades de las costas con un importante alijo de armas suministradas por la CIA.

En esa acción resultó herido. Tan pronto lo supe fui a visitarlo al hospital y me dijo que era inocente de aquellas acusaciones, que había desembarcado solo para entrevistarse conmigo y confesarme el error. Sorprendido por aquellas palabras pedí comunicarme con la Seguridad del Estado y estos me explicaron cómo se produjeron los hechos.

Si hubiese sido sincero, con seguridad le habríamos conmutado la pena capital por otra sanción. Vino la invasión a Girón y fue ejecutada la sentencia.

Su hermano gemelo, de enorme parecido, era médico, miembro también del 26 de Julio. Hasta donde yo recuerdo mantuvo una conducta correcta. Más de una vez me encontré con él y no guardaba rencor alguno.

Viernes 17
El espíritu humanitario, la vocación justiciera y la franqueza de la Revolución Cubana no son hechos recientes, sino una esencia. El Ejército Rebelde atendió y curó a los prisioneros invariablemente. Puede decirse también que nuestra arma principal fue siempre la verdad. El parte de Radio Rebelde del 17 de octubre de 1958, trasmitido tras un revés táctico, prueba el apego a esos principios durante la guerra.

RADIO REBELDE

Octubre 17 de 1958

LA SITUACIÓN MILITAR

Hemos recibido hoy de la Comandancia General el siguiente parte de guerra:

La columna Nº 11, al mando del capitán Jaime Vega, sufrió un serio revés en su zona de operaciones en la provincia de Camagüey.

Sobre este hecho ocurrido hace más de dos semanas no habíamos ofrecido información alguna en espera de las investigaciones y los datos exactos que fueron ordenados al respecto. Un revés táctico puede ocurrir a cualquier unidad en una guerra, porque el curso de la misma no tiene que ser necesariamente una cadena ininterrumpida de victorias contra un enemigo que ha contado siempre con ventajas de armamentos y recursos bélicos que ha llevado sin embargo la peor parte en esta contienda.

Consideramos un deber del mando de nuestro ejército informar de cualquier vicisitud que pueda ocurrir a cualquiera de nuestras fuerzas en operaciones, por cuanto entendemos como norma moral y militar de nuestro movimiento que no es correcto ocultar los reveses al pueblo ni a los combatientes.

Los reveses hay que publicarlos también, porque de ellos se derivan lecciones útiles; para que los errores que cometa una unidad no los cometan otras, para que el descuido en que pueda incurrir un oficial revolucionario no se repita en otros oficiales. Porque en la guerra las deficiencias no se superan ocultándolas y engañando a los soldados, sino divulgándolas, alertando siempre a todos los mandos, exigiendo nuevos y redoblados cuidados en el planeamiento y ejecución de los movimientos y acciones.

Pero en este caso, además, la acción fue caracterizada por hechos posteriores que el pueblo debe conocer cabalmente, que atañen muy seriamente al destino de las fuerzas armadas de la república y que de continuarse repitiendo pueden tener consecuencias muy graves para el futuro de esos institutos.

Nosotros hemos proclamado muchas veces que no estamos en guerra contra las fuerzas armadas sino contra la tiranía. pero la actuación y la corresponsabilización de los oficiales, clases y soldados del ejército principalmente, con ciertos actos de inaudita barbarie puede llegar a un grado tal, que ningún militar hoy en activo tenga justificación para sentirse ajeno de culpa con los hechos que están ocurriendo, desde que la ambición desmedida de un dictadorzuelo sin escrúpulos y la traición de unos cuantos oficiales el diez de marzo de mil novecientos cincuenta y dos, condujo al ejército [a al] rol antidemocrático, inconstitucional e indigno que está desempeñando.

Los hechos a que me refiero ocurrieron así: El Capitán Jaime Vega, descuidando las medidas tácticas de seguridad contenidas en las instrucciones precisas recibidas y que deben tomarse siempre en territorios dominados por el enemigo, avanzaba [con sus fuerzas] en camiones la noche del 27 al 28 de Septiembre, por un terraplén que conduce del Central Francisco al Central Macareño, al sur de la provincia de Camagüey.

La compañía 97 de las fuerzas de la Dictadura, emboscada en el terraplén abrió fuego por sorpresa sobre la columna a las dos de la madrugada del día 28, apoyada con barraje de ametralladoras pesadas. Las descargas cerradas del enemigo contra los vehículos ocasionaron a la Columna, 18 muertos, cayendo prisioneros once de los heridos que no pudieron ser recuperados en medio de la noche bajo el fuego de las ametralladoras enemigas emplazadas en posiciones ventajosas. Los prisioneros heridos rebeldes fueron llevados al hospital de Macareño, siendo atendidos por el médico de ese lugar y dos médicos que mandó a buscar a Santa Cruz del Sur el Teniente Suárez, Jefe de la Compañía 97. Al día siguiente llegó en un avión el coronel Leopoldo Pérez Coujil y poco después arribaron en un automóvil el teniente coronel Suárez Souquet, el Comandante Domingo Piñeiro y el Sargento Lorenzo Otaño de su guardia personal.

El coronel Pérez Coujil le obsequió a la compañía [con] $ 1,000.00 en efectivo que se distribuyeron entre los soldados.

Después, lo primero que hizo fue golpear en el rostro a uno de los prisioneros heridos. Una vez que los hubo interrogado dio instrucciones al Teniente Coronel Souquet de que había que matar a todos los heridos. Este último, designó al comandante Piñeiro para que, simulando un combate, al trasladar a los heridos para Santa Cruz del Sur, los ultimara en el camino.

Prepararon camiones con colchones donde los colocaron y partieron con ellos. Después de caminar algunos kilómetros empezaron ellos mismos a tirar mientras el comandante Piñeiro gritaba: "Nos están atacando los rebeldes", en cuya oportunidad el sargento Otaño lanzó dos granadas de mano en los camiones donde iban los heridos, los que a su vez creyendo que realmente eran sus compañeros decían: "Compañeros, somos nosotros que estamos heridos, no disparen". El sargento Otaño subió a los camiones y con un fusil ametrallador fue ultimando a los que estaban agonizando; algunos habían perdido los brazos por efecto de las granadas, otros la cabeza, y en el interior del camión no quedó más que un amasijo de carne y sangre humana. Al sargento Otaño, desde entonces, los propios soldados lo apodan "el carnicero". Después colocaron los restos en un camión y los llevaron para Santa Cruz del Sur donde abrieron una fosa y los enterraron.

La narración de estos hechos por sí sola es suficiente para indignar al más insensible. Pero sobre ningún ciudadano puede producir los mismos efectos que sobre los médicos rebeldes que curaron a más de cien soldados prisioneros heridos en los días de la ofensiva contra la Sierra Maestra, sobre nuestros combatientes que los transportaron en hombros y camillas, desde los campos de batalla a los hospitales a muchas millas de distancia. Tal vez entre esos heridos rebeldes asesinados se encontrasen algunos de los compañeros que durante la batalla del Jigüe transportaron enemigos heridos desde la línea de fuego a los sitios donde recibieron la primera atención en horas de la noche, escarpando las farallas casi inaccesibles. Esos heridos asesinados en Camagüey vieron desfilar ante sus ojos en la Sierra Maestra los 442 soldados de la tiranía entregados a la Cruz Roja Internacional y Cubana y compartieron con ellos sus medicinas y alimentos.

La falta de reciprocidad no puede ser más repugnante y cobarde, no es éste un caso aislado por parte de un oficial o una tropa determinada, es una costumbre generalizada en todo el ejército hasta un grado que produce asco.

Cuando el ataque al Moncada, asesinaron a los prisioneros; cuando el Goicuría, asesinaron a los prisioneros; cuando el desembarco del Granma, asesinaron a los prisioneros; cuando el asalto a Palacio, asesinaron a los prisioneros; cuando el desembarco de Calixto Sánchez, asesinaron a los prisioneros; cuando la sublevación de Cienfuegos, asesinaron a los prisioneros. Pero en todos aquellos casos el ejército podía tener todavía alguna esperanza de conservar el poder, era fuerte, no había sufrido derrotas sustanciales, podía pensar que sus crímenes iban a permanecer impunes, ante la impotencia de un pueblo desarmado. Lo sucedido en Camagüey, sin embargo es doblemente indignante y absurdo, primero porque todavía está fresca en la memoria de la ciudadanía los cientos de sus soldados que fueron devueltos a la Cruz Roja por los rebeldes, sanos y salvos, y segundo, porque los soldados de la tiranía están perdiendo la guerra, han sido vencidos en numerosas batallas, pierden cada día más terreno, retroceden en todas partes.

Están perdiendo la guerra, y sin embargo, asesinan a los pocos heridos prisioneros que caen en sus manos del ejército que está venciendo. Por ese mismo territorio de Camagüey, marcharon victoriosas e incontenibles las columnas Nº 2 y Nº 8 de los Comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, sin que pudieran detener su paso las numerosas fuerzas que lanzó contra ellos la dictadura. La vanguardia invasora ha penetrado ya más de cincuenta kilómetros en el territorio de Las Villas.

¿Qué sentido político o militar puede tener ese alevoso asesinato de los rebeldes heridos, sino lanzar sobre las fuerzas armadas, harto desprestigiadas ya, una mancha de sangre que muchas veces recordará la Historia como una vergüenza infinita para cualquier soldado que hoy viste el uniforme infame y deshonrado del que no puede volver a llamarse jamás "Ejército de la República". Este hecho será denunciado ante la Cruz Roja Internacional y demandaremos el envío de delegados de la misma para investigar lo sucedido, y será dirigida también una carta abierta a las fuerzas armadas, haciéndoles ver la responsabilidad que están echando sobre sus hombros. En poder nuestro están, además, numerosos soldados prisioneros, un Teniente Coronel, para mayor paradoja herido y siendo atendido en un hospital nuestro, un comandante y dos capitanes.

Constituye una cobardía infinita y una ausencia total de compañerismo, la conducta del coronel Leopoldo Pérez Coujil, el Teniente Coronel Suárez Souquet, el Comandante Triana y demás miserables asesinos, olvidarse de esos compañeros suyos que están aquí, prisioneros de nosotros, sin otras garantías para sus vidas que la calma y la serenidad que hay que tener frente a estos hechos vandálicos, el sentido humano y justiciero de la guerra que estamos librando, el ideal de lucha que nos inspira y el concepto verdadero que tenemos del Honor Militar. No crean ninguno de los responsables de tales actos que tendrán escapatoria. No los salvará siquiera un viraje del ejército a última hora, porque una de las condiciones que hemos puesto y mantendremos firmemente ante cualquier golpe de Estado es la entrega inmediata de los criminales de guerra y de todos los militares y políticos que se hayan enriquecido con la sangre y el dolor del Pueblo, desde Batista hasta el último torturador.

De lo contrario tendrán que seguir afrontando la guerra hasta su total destrucción, porque la Revolución no podrán obstruccionarla lo más mínimo ni la asquerosa farsa que se prepara para el próximo 3 de Noviembre, ni el golpe de Estado que no venga precedido por las condiciones que establece el Movimiento "26 de Julio" y mediante acuerdo previo.

Los que han sembrado vientos recogerán tempestades. Nadie duda ya que las decadentes y desmoralizadas fuerzas de la tiranía no podrán contener el empuje victorioso del pueblo.

Para eso tendrían que vencer primero a cada una de las columnas que ya están operando sólidamente en cuatro provincias y después tomar en la Sierra Maestra hasta la última trinchera en la cúspide del Pico Turquino defendida por el último soldado rebelde, y el ejército de Batista ha demostrado ya suficientemente que es incapaz de hacerlo.

A la Comandancia General ha llegado un informe extenso de la Columna Invasora Nº2 Antonio Maceo, que después de atravesar victoriosamente la provincia de Camagüey ha penetrado en el territorio de Las Villas. Dicho informe, que contiene la narración detallada de una extraordinaria proeza militar, será leída, por Radio Rebelde y el pueblo tendrá oportunidad de conocer uno de los episodios más emocionantes con los que se está escribiendo la historia viva de la Patria.

Fidel Castro

Comandante Jefe

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